Panamericanos, oportunidad perdida

Rubén Martín [@rmartin1011] / El Economista, 10 octubre 2011

Guadalajara ganó la sede de los Juegos Panamericanos 2011 hace cinco años. Desde entonces los promotores afirmaron que la realización de los juegos dejaría varios beneficios para el estado y para la zona metropolitana tapatía, entre ellos que se promovería a Jalisco a escala internacional, detonaría la inversión pública millonaria y propiciaría la reordenación urbana a la que ha aspirado Guadalajara desde hace varios años.

Lo cierto es que el 14 de octubre los Panamericanos serán inaugurados en medio de una notable desorganización que, entre otras cosas, ha acarreado que el evento deportivo privado arranque sin que dos de sus estadios (el de atletismo y el de rugby) estén terminados.

A la desorganización contribuyó que la clase política local viera a los Panamericanos más como una oportunidad de ganar reflectores y de competencia entre los gobiernos estatal y de Guadalajara, en lugar de una oportunidad de aplicar un proyecto conjunto para la ciudad.

Un buen ejemplo de lo anterior fue el uso político que dio el gobernador Emilio González Márquez a la promoción de los Panamericanos.

Por si fuera poco, con el pretexto de la llegada de visitantes extranjeros, se ha aplicado en el centro de Guadalajara una especie de “limpia social” mediante la que se pretenden ocultar a indigentes, pobres y trabajadoras sexuales.

Más allá de los inconvenientes momentáneos, el cuestionamiento de fondo que se puede hacer a esta justa deportiva es que no se cumplió el ofrecimiento de aprovechar los juegos para “instrumentar una ambiciosa política de transformación urbanística y social de la gran ciudad”, como el gobierno de Jalisco ofreció en su Plan Estatal de Desarrollo.

Una vez que Guadalajara consiguió la sede, se pensaron los Panamericanos como parte de un proyecto estratégico de reordenamiento urbano, al estilo del que se llevó a cabo en Barcelona en las Olimpiadas de 1992. Los Panamericanos formaban parte de otos proyectos, como la construcción de un museo Guggenheim en la barranca de Huentitán que bordea la zona metropolitana, la construcción de la presa de Arcediano en la misma barranca, el complejo cultural JVC impulsado por Jorge Vergara (del cual apenas se tiene el estadio de las Chivas), el proyecto del Centro Cultural Universitario empujado por Raúl Padilla López, ex rector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), el reordenamiento del transporte público masivo, y otros proyectos de redensificación urbana. De todos estos planes apenas ha avanzado el Centro Cultural Universitario de la UdeG y una línea de autobuses articulados en la ciudad. Todos los demás planes o se han modificado o están cancelados.

Los Panamericanos se restringieron a la construcción de 23 estadios y la remodelación de algunas avenidas. Incluso los juegos contribuyeron a disminuir las áreas verdes de la ciudad al construir algunos estadios en un parque público (el Metropolitano) y al afectar un área de alta fragilidad ecológica con la construcción de la Villa Panamericana, en la zona de El Bajío.

Al fracaso de los propósitos de reordenamiento urbano que se ofrecieron con los Panamericanos se añade el alto costo de la justa deportiva. La organización costará más de los 6,600 millones de pesos que inicialmente se anunciaron. Según cálculos del propio Copag, los juegos podrían costar entre 7,500 y 9,000 millones de pesos. Además la millonaria inversión de los contribuyentes se ha gastado con opacidad, una pesada carga burocrática y altos sueldos. Las autoridades tienen qué transparentar la inversión para despejar las dudas sobre probable corrupción.

Lo que sí avanzó en estos cinco años fue el negocio inmobiliario en distintas partes de la ciudad.

Al final, los Panamericanos serán un excelente negocio privado para la Odepa, constructores, televisoras y empresas relacionadas con el turismo. Todo gracias a una fuerte inversión de los contribuyentes. En los Panamericanos hay negocios privados y pocos resultados para el público y los contribuyentes, a no ser que nos conformemos con los espectáculos de inauguración y clausura de los juegos.Guadalajara ganó la sede de los Juegos Panamericanos 2011 hace cinco años. Desde entonces los promotores afirmaron que la realización de los juegos dejaría varios beneficios para el estado y para la zona metropolitana tapatía, entre ellos que se promovería a Jalisco a escala internacional, detonaría la inversión pública millonaria y propiciaría la reordenación urbana a la que ha aspirado Guadalajara desde hace varios años.

Lo cierto es que el 14 de octubre los Panamericanos serán inaugurados en medio de una notable desorganización que, entre otras cosas, ha acarreado que el evento deportivo privado arranque sin que dos de sus estadios (el de atletismo y el de rugby) estén terminados.

A la desorganización contribuyó que la clase política local viera a los Panamericanos más como una oportunidad de ganar reflectores y de competencia entre los gobiernos estatal y de Guadalajara, en lugar de una oportunidad de aplicar un proyecto conjunto para la ciudad.

Un buen ejemplo de lo anterior fue el uso político que dio el gobernador Emilio González Márquez a la promoción de los Panamericanos.

Por si fuera poco, con el pretexto de la llegada de visitantes extranjeros, se ha aplicado en el centro de Guadalajara una especie de “limpia social” mediante la que se pretenden ocultar a indigentes, pobres y trabajadoras sexuales.

Más allá de los inconvenientes momentáneos, el cuestionamiento de fondo que se puede hacer a esta justa deportiva es que no se cumplió el ofrecimiento de aprovechar los juegos para “instrumentar una ambiciosa política de transformación urbanística y social de la gran ciudad”, como el gobierno de Jalisco ofreció en su Plan Estatal de Desarrollo.

Una vez que Guadalajara consiguió la sede, se pensaron los Panamericanos como parte de un proyecto estratégico de reordenamiento urbano, al estilo del que se llevó a cabo en Barcelona en las Olimpiadas de 1992. Los Panamericanos formaban parte de otos proyectos, como la construcción de un museo Guggenheim en la barranca de Huentitán que bordea la zona metropolitana, la construcción de la presa de Arcediano en la misma barranca, el complejo cultural JVC impulsado por Jorge Vergara (del cual apenas se tiene el estadio de las Chivas), el proyecto del Centro Cultural Universitario empujado por Raúl Padilla López, ex rector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), el reordenamiento del transporte público masivo, y otros proyectos de redensificación urbana. De todos estos planes apenas ha avanzado el Centro Cultural Universitario de la UdeG y una línea de autobuses articulados en la ciudad. Todos los demás planes o se han modificado o están cancelados.

Los Panamericanos se restringieron a la construcción de 23 estadios y la remodelación de algunas avenidas. Incluso los juegos contribuyeron a disminuir las áreas verdes de la ciudad al construir algunos estadios en un parque público (el Metropolitano) y al afectar un área de alta fragilidad ecológica con la construcción de la Villa Panamericana, en la zona de El Bajío.

Al fracaso de los propósitos de reordenamiento urbano que se ofrecieron con los Panamericanos se añade el alto costo de la justa deportiva. La organización costará casi el doble de los 500 millones de dólares que inicialmente se anunciaron. Según cálculos del propio Copag, los juegos podrían costar entre 7,500 y 9,000 millones de pesos. Además la millonaria inversión de los contribuyentes se ha gastado con opacidad, una pesada carga burocrática y altos sueldos. Las autoridades tienen qué transparentar la inversión para despejar las dudas sobre probable corrupción.

Lo que sí avanzó en estos cinco años fue el negocio inmobiliario en distintas partes de la ciudad.

Al final, los Panamericanos serán un excelente negocio privado para la Odepa, constructores, televisoras y empresas relacionadas con el turismo. Todo gracias a una fuerte inversión de los contribuyentes. En los Panamericanos hay negocios privados y pocos resultados para el público y los contribuyentes, a no ser que nos conformemos con los espectáculos de inauguración y clausura de los juegos.

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