2011, la revolución mundial

Rubén Martín / El Economista, 17 octubre 2011

Una ola de indignación recorre el mundo. Es una ola de protestas sociales, revueltas y rebeliones que tendrán un enorme impacto en las formas de hacer política y en la salida a la crisis económica mundial por la que atravesamos desde 2008.

Se trata, no hay duda ya, del ciclo de protesta mundial más amplio desde 1968 y, como aquel movimiento, se puede afirmar que tendrá un enorme impacto político, económico y cultural. Al calor de las movilizaciones se están transformando la vida de cientos de miles de personas.

Esta oleada de revueltas empezó el 17 de diciembre de 2010 en el poblado de Sidi Bouzid, de Túnez. Ese día Mohamed Bouazizi, vendedor de fruta de 26 años, se roció gasolina y se prendió fuego en protesta porque autoridades municipales le impidieron trabajar en la vía pública. Tras tres semanas en agonía, Bouazizi falleció en un hospital. Pero la llama de la revuelta ya se había extendido por medio mundo árabe. Tras Túnez siguieron Argelia, Egipto, Yemen, Bahrein, Libia y Siria. La revuelta del mundo árabe se regó en Europa. Primero en países que ya tenían escenarios de protesta social previos como Grecia, Islandia, Italia y Portugal.

En España tuvo una resonancia especial la toma de la plaza pública (en la Puerta del Sol de Madrid), que se inauguró en la plaza Tahir de El Cairo.

En China a mediados de junio el gobierno emitió un toque de queda de tres días tras las protestas ocurridas en Zengcheng, en la provincia de Guangdong. La ola de los indignados emergió también en Israel, debido al aumento de precios de alimentos y de las viviendas, dando paso a la manifestación más numerosa que haya tenido ese país en toda su historia.

La revolución mundial de 2011 se manifestó de un modo distinto en Londres y Berlín: a través del saqueo de comercios y la quema de autos.

En América Latina la protesta social se ha manifestado a través de los movimientos estudiantiles de Chile, Colombia y Puerto Rico, que exigen educación pública gratuita. En Bolivia se reactivó el movimiento indígena, paradójicamente en contra del primer presidente aymara de ese país. En la India la protesta surgió a partir de un movimiento en contra de la corrupción de la clase gobernante.

Hace un mes la ola llegó al corazón del capitalismo mundial con el movimiento Occupy Wall Street, en Nueva York.

En diez meses se ha construido un escenario de poderosa protesta social que ha alcanzado una resonancia casi universal. Lo que empezó con la muerte a lo bonzo del tunecino Mohamed Bouazizi se convirtió en una jornada mundial de protesta en la que participaron millones de personas en más de mil ciudades de 85 países del mundo el sábado 15 de octubre.

La interpretación más extendida sostiene que esta protesta es protagonizada por jóvenes educados que no tienen empleo. Aunque es válida para España, donde la protesta social la arrancó la agrupación Jóvenes Sin Futuro, no es así para todo el movimiento.

Los protagonistas de esta revolución son un sujeto social múltiple y diverso: jóvenes sin empleo, reprimidos por la policía, jubilados que defienden su pensión, burócratas que se oponen a drásticos recortes salariales, transportistas, obreros que protegen sus derechos, estudiantes que exigen educación gratuita e indígenas que defienden su territorio.

Son gente común y corriente apropiándose nuevamente de la política que estaba en manos de partidos y políticos profesionales.

Si bien hay diversos contextos y diversos sujetos, las demandas y los planteamientos son semejantes. Coinciden en cuestionar al sistema político actual que no los representa y al sistema económico que privilegia la acumulación privada capitalista por encima del bienestar común.

Todos estos movimientos ocurren el margen de los partidos tradicionales y al margen de las organizaciones gremiales y sindicatos.

En todas las protestas se apela a una democracia directa, a las relaciones horizontales y están en contra de los liderazgos únicos. Cada plaza tomada va rotando a sus voceros para evitar que se apropien del movimiento.

Estas nuevas formas de hacer política son las que están creando el impacto más profundo en los sistemas políticos y económicos en los territorios donde se está desplegando esta protesta social. Pero el año no ha terminado; con seguridad la revolución mundial en curso se manifestará de manera sorprendente en las próximas semanas.

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