México A.C. y D.C. (antes y después de Calderón)

Imagen

Rubén Martín / El Economista, 3 septiembre 2012

Felipe Calderón Hinojosa está a punto de irse de la presidencia (y eventualmente del país) pero su legado nos seguirá persiguiendo a todos los mexicanos por mucho tiempo.

Habitualmente el análisis hacia el final de un sexenio presidencial, solía hacerse mirando los saldos en materia de economía, pobreza, infraestructura, nivel educativo o finanzas públicas.

Además de evaluar ese legado que deja el segundo presidente emanado de Acción Nacional, Calderón deja una realidad completamente nueva y escalofriante. Esa nueva realidad está nombrada por nuevas palabras que antes o no existían o se usaban muy poco. Ahora son palabras de uso corriente.

Aquí algunas palabras que hereda el calderonismo: narcofosas, desmembrados, levantones, halconeo, narcobloqueos, pozoleados, narcomantas, descuartizados…

Esas nuevas palabras aluden, simbolizan nuevas realidades que no existían. No estaba siquiera en el imaginario del novelista más oscuro matanzas atroces como la de San Fernando, Tamaulipas donde decenas de migrantes fueron asesinados a golpes de mazo; hasta antes de Calderón la difusión de los asesinatos cometidos por los narcotraficantes (o en algunos casos policías) no tenían la difusión viral en video o en los propios celulares de los sicarios, que ahora tienen. Vaya, antes de Calderón no existían los blogs de los narcos.

No existían las hieleras llenas de cabezas desmembradas, los colgados de los puentes, ni los asesinatos masivos cuyos cuerpos son dejados apilados al interior de vehículos en la vía pública.

En este sexenio se multiplicaron los granadazos y rafagazos en bares, casas particulares o casinos.

La violencia no sólo aumento en términos cuantitativos, también lo hizo en términos cualitativos. Una violencia brutal y monstruosa.

¿Cómo demonios se fue creando una noción de violencia, de daño al otro y de ir creando formas de mandarse mensajes de amenaza y muerte cada vez más brutales y sanguinarios?

Calderón y sus defensores dirán que esas son creaciones de los propios delincuentes y que él no tiene nada que ver.

Quién sabe si el mandatario saliente pueda evadir la responsabilidad personal, lo cierto es que formas de violencia sanguinarias que ahora usan los sicarios provienen del entrenamiento contrainsurgente que soldados mexicanos recibieron en Estados Unidos, como lo acaba de recordar el paso de la Caravana de la Paz, durante su recorrido por la tristemente célebre Escuela de las Américas, en Columbus, Georgia.

La violencia de los Zetas, y de ahí su irradiación a la constelación de sicarios, proviene de cuadros del ejército mexicano.

No es que el país antes de este gobierno fuera bien (Foxilandia no era el paraíso), pero el país después de Calderón está devastado: más de 65 mil muertos, más de 45 mil denuncias por desapariciones, más de 250 mil desplazados, cientos de ejecuciones extrajudiciales, y aumento exponencial de dinero para ejército y policía federal.

Pareciera que esa es la idea. Acostumbrarnos al ejército en las calles, a las caravanas, retenes y operativos encubiertos. La mitad de los estados tienen mandos militares en su secretaría de seguridad y la mayoría de los 50 municipios con más violencia, tienen al frente de la policía a un militar. Los militares ganan peso en la vida del país a pasos acelerados. Pareciera que el país hubiera sufrido un golpe de Estado militar sin darnos cuenta. De modo que hay un México antes y después de Calderón, y es mucho peor al que teníamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s