El futuro de AMLO

Rubén Martín / El Economista, 11 septiembre 2012

ImagenEl domingo pasado se confirmó la ruptura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) que se esperaba desde hacía mucho tiempo. Las diferencias fueron notorias incluso desde el conflicto postelectoral de 2006.

Para la corriente dirigente del sol azteca, los Chuchos, la ruta de impugnación seguida por López Obrador mandando al diablo las instituciones, anunciar un gobierno legítimo y desconocer los seis años a Felipe Calderón Hinojosa, era equivocada.

Pero tuvieron que hacer lo que se hace en la política profesional, tragar sapos y saludarse como si nada, y todo porque AMLO les ganó la candidatura presidencial para este año. Pero las diferencias estaban marcadas desde hace años.

De modo que el anuncio que López Obrador hizo ayer no sorprendió a nadie. Tampoco sorprendió su propuesta de convertir al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en un nuevo partido político.

La necesidad de crear su propia estructura organizativa para no dejar que se capitalizara por el PRD fue una de las lecciones que el propio López Obrador sacó como lección en 2006. Y desde entonces arrancó este proceso que inició con los comités en defensa de la economía popular, las movilizaciones en contra de la privatización de Pemex y que hace un par de años transformó en Morena.

Aunque los anuncios de AMLO en el Zócalo de la Ciudad de México no sorprenden, sí presentan cambios significativos en el sistema de partidos de México, especialmente en la izquierda.

De un lado, el anuncio de AMLO cierra un ciclo de 23 años para la izquierda electoral mexicana, un ciclo que arrancó en 1987 con la ruptura del PRI que encabezaron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo y con la elección presidencial de 1988, cuando el Estado mexicano cometió un monumental fraude electoral para imponer en la presidencia a Carlos Salinas de Gortari. En el movimiento que apoyaba a Cárdenas se discutieron fuertemente las estrategias y una de ellas era la de tratar de impedir que Salinas tomara posesión impugnar con movilizaciones masivas; pero Cárdenas apoyó la estrategia de apostar mejor por construir un partido, el PRD, y volver a intentarlo en la siguiente elección. Y ya sabemos lo que ocurrió.

El rompimiento de AMLO con el PRD cierra un ciclo, porque no hay duda de que muchos militantes perredistas de base se irán con él. Y con ello y sin el “lastre” de López Obrador, el PRD será ahora sí el partido que han dibujado los Chuchos y otros dirigentes: un partido abiertamente socialdemócrata, una “izquierda moderna” buscando quitarse la imagen de partido de reyerta y seguramente manejando un discurso de que están dispuestos a la “búsqueda de acuerdos nacionales” en beneficio del país. En palabras llanas, el PRD se convertirá en un partido de burócratas, con pocos militantes comprometidos con luchas populares, y en algunos temas colaborarán con el gobierno de Enrique Peña Nieto, y eventualmente establecerán alianzas con el PAN.

¿Qué sigue para AMLO? La campaña de desprestigio sobre su forma de liderazgo se intensificará, antes de que termine el año tendrá ya un partido con la estructura de Morena y buscará un perfil de un partido de izquierda más populista, nacionalista y ligada a las luchas sociales, tal como lo anunció en su discurso.

En el corto plazo, por ejemplo las elecciones intermedias de 2015, PRD y Morena se disputarán espacios para la Cámara de Diputados y los espacios que se jueguen en las elecciones locales.

Pero en el campo de los movimientos sociales no será fácil para Morena debido a que hay una gama muy amplia de organizaciones populares que desde hace tiempo hacen trabajo de base y no están a la espera de que llegue un líder para que los represente.

En resumen, el anuncio de AMLO cierra un ciclo de partidos electorales en México, y deja a las corrientes dirigentes del PRD para hacer una política de mayor colaboración con el régimen, en tanto que el nuevo partido de Morena, buscará su fuerza tratando de abanderar causas populares.

Pero, otra vez, como cada seis años, los anuncios de AMLO se den desde la cúpula y sin que antes ocurra una amplia discusión entre las bases. A lo mejor esta vez el camino trazado por AMLO no convence a todos sus seguidores, a lo mejor muchos ya se cansaron de seguirlo cada seis años a una campaña presidencial y lo que quieren es un cambio de fondo aquí y ahora, no en el 2018 y después de haber gastado esfuerzos en construir otro partido. Este es un escenario abierto del cual podrían surgir sorpresas.

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