Llanto por la tierra

Gráfica de Rini Templeton
Gráfica de Rini Templeton

Rubén Martín / El Informador, 22 septiembre 2012

A estas alturas de la vida urbana y neoliberal producto de la restructuración capitalista del país en los últimos 30 años, suena anacrónico o incluso cursi que alguien sienta apego por la tierra, que alguien pueda derramar lágrimas por su parcela. Pero ocurre, y aquí en los linderos de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Santa Cruz de las Flores es una población y un ejido de Tlajomulco de Zúñiga. Su población ha vivido centenariamente del campo. El ejido de Santa Cruz de las Flores tiene una tierra conocida como La Playa, debido a que se encuentra en una hondonada que la hace extremadamente fértil. Son 800 hectáreas de tierra privilegiada de cuya siembra han salido productos que han alimentado no sólo al pueblo, sino también a la población de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Ahora la historia de este pueblo está en riesgo de transformación total, si prosperan los intereses inmobiliarios que se quieren apoderar de esas ricas tierras.

Desde hace un año rondan en el pueblo y en las asambleas ejidales personeros de empresas inmobiliarias que quieren quedarse con las tierras. El proyecto consiste en comprar las 800 hectáreas completas del predio conocido como La Playa para construir ahí un nuevo fraccionamiento.

No se trata de otro fraccionamiento lejos de la zona metropolitana. Se trata de algo más grave y profundo. Lo que está en juego es si un pueblo que ha reproducido su vida apegado a la tierra, va a dejar de ser lo que ha sido para convertirse en un coto de viviendas para tapatíos adinerados. Lo que está en juego es que se truncaría y desaparecería el saber, la tradición y los modos como han reproducido su vida los pobladores de Santa Cruz de las Flores durante cientos de generaciones.

Esto es lo que hay detrás en los procesos acelerados y violentos de despojos que ocurren por todo el país. El proceso de despojo de tierras, bosques, ríos, bienes comunes debe entenderse en conjunto con el proceso de desaparición de pueblos, culturas y tradiciones, es decir, dejar de ser lo que se ha sido.

Y así lo entienden los ejidatarios, quizá los menos, de Santa Cruz de las Flores.

Por eso don Calixto derrama lágrimas de impotencia al ver que la codicia y los intereses económicos se están haciendo presentes en su tierra y que ésta puede desaparecer.

En Santa Cruz de las Flores, como en la costa o en la sierra también tienen conciencia de que esta oleada de despojos se aceleró con la reforma al Artículo 27 constitucional promovida por Carlos Salinas de Gortari.

Y saben también que ellos y otros pueblos están en una situación límite resistiendo y combatiendo el despojo. Por eso hay lágrimas de tristeza ante el reto de perder la tierra y cambiar lo que han sido, pero también hay resistencia, memoria y dignidad para defender lo que es suyo desde hace mucho tiempo. El conflicto entre los despojadores y quienes resisten, es una de las batallas centrales de la Nación.

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