Reforma laboral, engaño electoral

Con la reforma laboral aprobada, tanto Calderón como Peña Nieto engañaron a electores de sus respectivos partidos

Rubén Martín / El Informador, 29 septiembre 2012

A menos que hubiera una gran protesta social o que los legisladores por decencia rechazaran la iniciativa enviada por Felipe Calderón el primero de septiembre, y es difícil que ambas cosas ocurran, este fin de semana será aprobada la reforma laboral.

No es cualquier reforma. En los hechos se trata de una nueva Ley Federal del Trabajo, pues incluye modificaciones a más de 650 artículos de los 1,010 que tiene dicha ley.

La reforma laboral tiene consecuencias sociales e históricas de gran envergadura. Con el cambio a la legislación laboral se cierran 25 años de reformas estructurales neoliberales, desde que el 26 de julio de 1986 México ingresó al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), seguido de las negociaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pasando por la contrarreforma al Artículo 27 de la Constitución en febrero de 1992.

La reforma calderonista avalada por el mandatario electo, Enrique Peña Nieto, es una vuelta de tuerca más en la aplicación de un modelo neoliberal que apuesta a que el “desarrollo” y el “progreso” se alcancen con la llegada de inversión privada, especialmente extranjera.

La reforma laboral no es para crear más empleos decentes y mejor pagados, como dice la exposición de motivos de la iniciativa calderonista. Ya lo dijo de manera cínica el director del Banco de México, Agustín Carstens: La reforma es para que los empresarios puedan contratar y despedir personal de forma más barata.

Con la reforma calderonista-peñista se legalizarán prácticas laborales de abuso y explotación que ahora son ilegales. Eso es lo que ha deseado largamente la clase empresarial mexicana, y ahora la clase política mexicana les regalará esa ley.

Con dicha reforma, las condiciones de trabajo de los asalariados se asemejarán a las que tenía la naciente clase obrera mexicana hace 100 años. Costaron muchas luchas obreras y una revolución cambiar y mejorar las condiciones de trabajo y que quedaran plasmadas en la Constitución. Estas conquistas están en riesgo ahora por la reforma calderonista-peñista.

Además la aprobación de dicha reforma muestra de forma involuntaria el engaño que son las elecciones.

¿Qué hubiera pasado si Calderón presenta esta iniciativa al principio del año? ¿Qué habría pasado si Peña Nieto avisa a sus electores que va a respaldar una ley laboral lesiva para los obreros? Con seguridad los candidatos presidenciales de Acción Nacional y del Revolucionario Insituticional hubieran perdido las elecciones.

Por eso no avisaron en la campaña electoral que tenían intención de sacar esta reforma laboral. En otras palabras, engañaron a sus electores pues ahora sacan una reforma laboral que va en contra de los intereses de quienes viven de vender su fuerza de trabajo. Eso son las elecciones, maquinarias de engaño.

A pesar de la situación adversa del momento, la reforma nacerá muerta. Es imposible que las siguientes generaciones de mexicanos puedan vivir con una ley laboral tan lesiva. Es imposible. Más pronto que tarde los trabajadores se darán así mismos condiciones de trabajo humanas y solidarias, no el marco deshumanizado y de capitalismo rapaz que ahora parece prosperar.

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