Reforma laboral, jóvenes sin futuro

Cartón: Hernández. “Hombre prevenido” [http://www.monerohernandez.com.mx]

Rubén Martín / El Economista, 9 octubre 2012

La reforma laboral que impulsan el gobierno saliente del panista Felipe Calderón Hinojosa, y el entrante del priista Enrique Peña Nieto, tiene enormes repercusiones para la clase trabajadora mexicana, pero creo que poco se ha reflexionado sobre lo devastadora que va a ser para los jóvenes de este país.

A la clase obrera mexicana le costó incontables luchas sociales y más de medio siglo para poner diques y controles al uso explotador y rapaz de la fuerza de trabajo por parte del capital. En el camino murieron miles de trabajadores mexicanos que desde fines del siglo XIX y especialmente en las tres primeras décadas del siglo XX lucharon para conquistar derechos básicos como fueron la jornada laboral de ocho horas, el derecho a un salario digno y remunerador, así como el derecho a organizarse.

Mal que bien, dichas conquistas permitieron a millones de familias mexicanas mejorar sus condiciones de vida y dar sustento y horizonte de futuro a sus hijos. Fue la versión mexicana del Estado de bienestar que permitió a varias generaciones acariciar el sueño del ascenso social. La esperanza de que el trabajo duro de los padres ayudara a mejorar las condiciones de vida de los hijos, especialmente mediante el estudio.

Así se construyó el proyecto de vida que ofrecía el capitalismo mexicano: trabajo esforzado de los padres, más educación, igual a mejor futuro para los hijos. Ahora este proyecto de vida que ofrece el capitalismo mexicano está en crisis y quizá roto irremediablemente.

La profunda reestructuración capitalista que se ha impuesto al país desde hace tres décadas a modificado dicho proyecto de vida.

Ahora un joven mexicano, si tiene oportunidad de estudiar, debe pasar tres años en preescolar, seis años en primaria, tres en secundaria, tres en preparatoria, cinco en licenciatura, es decir 20 años en una trayectoria escolar que al final no garantiza encontrar un trabajo seguro, de planta y con prestaciones sociales.

Al contrario, ya antes de la reforma laboral, la mayoría de los empleos que se ofrecen en México son precarios, temporales y sin prestaciones y derechos laborales.

Según datos del propio gobierno federal, 97 de cada 100 niños mexicanos pueden ingresar a la primaria, pero sólo 21 de cada 100 que ingresa a una licenciatura, puede terminarla.

La gravedad de la situación de los jóvenes mexicanos es admitida por organismos internacionales: la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que los jóvenes de 14 a 19 años suman 32 millones en el país, de los cuales seis millones trabajan en la informalidad y 21 por ciento (es decir, casi siete millones) ni estudian, ni trabajan.

En estas condiciones, encontrar un empleo formal y prestaciones es un lujo que cada vez tienen menos jóvenes. Y eso significa que no pueden cotizar para comprar una casa a crédito, que no tienen seguro social y que no están ahorrando para su pensión durante la vejez.

De modo que en este mismo momento se está condenando a la juventud mexicana a vivir en una pesadilla laboral que se convertirá en infierno en la vejez, pues será una generación que no tendrá derechos sociales que les protejan.

Toda esta situación tan difícil y precaria para la juventud mexicana se agravará con la reforma laboral. Esta es una bomba de tiempo para las futuras generaciones.

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