La macabra herencia de Calderón

Monero Hernández-Calavera de Calderón

Rubén Martín / El Economista, 30 octubre 2012

Las cifras son escalofriantes. Su publicación merecería ser la nota principal de portada y sin embargo no es así. Pasa a interiores. Todo indica que nos estamos anestesiando ante las cifras y, lo más preocupante, ante realidades que deberían conmovernos, estrujarnos, movilizarnos.

En un exhaustivo reportaje Víctor Hugo Michel da cuenta que a lo largo del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, 24,102 personas fueron enterradas en fosas comunes debido a que no pudieron ser identificadas ni por autoridades ni por familiares. Únicamente en el 2011 casi 5,000 cuerpos fueron enterrados de ese modo. Las cifras se quedan cortas, nos dice el autor del reportaje, debido a que de las más de 470 solicitudes de información tramitadas para recolectar los datos públicos, 191 quedaron sin respuesta. De hecho, debido a la opacidad de autoridades estatales, este recuento no incluye registros de estados donde en años recientes la violencia se ha incrementado notablemente, como Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas.

De modo que la cifra de personas que son enterradas en fosas comunes podría crecer considerablemente.

Es una cifra terrible. No son números. Detrás de cada cuerpo que porta una etiqueta NN como señal de no identificado, y que luego es enviado a la fosa o es cremado como ocurre en Jalisco, hay una familia, una pareja, unos hijos, una historia, un drama que se va a acumulando a otros dramas que va produciendo la macabra espiral de violencia e inseguridad que ha envuelto al país en este sexenio.

Es inevitable dejar de ligar a los más de 24,000 personas enviadas a la fosa común con otras cifras y otros dramas. Seguramente entre los cuerpos enterrados en esas fosas, iban miles de personas que están considerados como desaparecidos, en esa cifra van también, algunos de los migrantes centroamericanos que en los últimos años intentaron cruzar México para llegar a Estados Unidos.

Las madres centroamericanas que recientemente han realizado una caravana por el país para buscar a sus hijos y familiares y para exigir al gobierno mexicano apoyo para encontrarlos, han denunciado que hasta 70,000 centroamericanos han desparecido en México en los últimos años, de los cuales han logrado documentar debidamente a 1,200.

Curiosamente quienes defienden la fallida estrategia de Calderón en contra del crimen organizado y el narcotráfico, dirán que el elevado número de cuerpos enviados a la fosa común podría confirmar la idea de que la mayoría de las muertes ocurridas durante este sexenio son entre personas que participan o trabajan para las organizaciones del crimen organizado.

Pero eso no es así, pues de acuerdo a un reporte especial que la Procuraduría General de la República (PGR) entregó al presidente electo Enrique Peña Nieto, en el sexenio se han cometido 92,048 homicidios dolosos, de los cuales apenas 22,187 fueron considerados con elementos suficientes para iniciar investigación ministerial, y únicamente en 7,202 casos se ejerció acción penal que resultó en apenas 677 sentencias condenatorias. Solo en 0.73 por ciento de todos los crímenes dolosos cometidos en el sexenio, como biensintetizó los datos el columnista Carlos Puig el pasado 10 de septiembre.

Qué mejor cifra del fracaso de la política calderonista, y a la vez qué mejor evidencia que tanto en las cifras de muertos, desaparecidos como enviados a las fosas comunes, la mayoría son inocentes. Calderón ya está haciendo sus maletas, pero está dejando una macabra herencia al país.

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