El fantasma del 28 de mayo

Foto: Arturo Campos Cedillo, La Jornada Jalisco
Foto: Arturo Campos Cedillo, La Jornada Jalisco

Rubén   Martín / El Respetable, 4 diciembre, 2012

Los hechos que ocurrieron el 1 y 2 de diciembre con la manifestación nacional del movimiento #YoSoy132 se parecen cada vez más a lo que ocurrió el 28 de mayo de 2004 en Guadalajara

Los hechos que ocurrieron el 1 y 2 de diciembre con la manifestación nacional del movimiento #YoSoy132 se parecen cada vez más a lo que ocurrió el 28 de mayo de 2004 en Guadalajara. Una marcha públicamente convocada en apego al derecho de manifestación, algunos incidentes durante el recorrido que la policía toleró, indicios de participación de infiltrados, represión desatada, detenciones ilegales, utilización de fuerza desmedida, configuración de delitos graves, descalificación y estigmatización en medios de información comerciales. Parece la misma película, ocho años después.

El 28 de mayo de 2004, como se recuerda, se convocó a una marcha pública por colectivos de la ciudad, del país y del mundo, dado que se manifestaban en contra de los acuerdos de mandatarios de 53 países, en el marco de la III cumbre de jefes de gobierno de la América Latina, el Caribe y la Unión Europea, celebrada aquí en Guadalajara.

Miles de manifestantes salieron de La Minerva o se fueron incorporando al contingente que avanzaba por la avenida Vallarta-Juárez, de manera festiva y coreando consignas; nadie reparó demasiado que algunos sujetos hacían destrozos menores en comercios identificados con el capitalismo, como las hamburgueserías McDonald’s o bancos extranjeros.

Al llegar al cruce de 16 de septiembre el contingente se encontró con un gran muro policiaco que les impidió el paso. El grueso dio vuelta a la derecha, y un pequeño grupo se quedó intentando tirar las vallas y enfrentando a la policía.

Después de un rato de forcejeos, y algunos destrozos que otros jóvenes causaron en algunas tiendas del centro de la ciudad, se desató una brutal represión que terminó con 111 detenidos durante la noche del 28 y la madrugada del 29 de mayo. Al día siguiente, luego de una noche de malos tratos, la mayoría fue liberado, en tanto que a 48 se les fincaron cargos por delitos graves; posteriormente fueron saliendo mediante el pago de fianzas muy altas y debieron enfrentar un proceso judicial largo y costoso.

Además de los dramas personales, lo grave es que los gobiernos panistas de entonces, el federal que encabezaba Vicente Fox, el estatal a cargo de Francisco Ramírez Acuña y el municipal que dirigía Emilio González Márquez, justificaron y alentaron la represión, el uso indiscriminado de la fuerza pública, la violación de derechos y la represión. Nadie de los mandos políticos o policiacos que participaron en esos hechos represivos fueron sancionados o juzgados penal o administrativamente. Al contrario, se les premió políticamente.

A ocho años de distancia, ahora ya nadie puede poner en duda la represión y la extendida violación a los derechos humanos ocurridos en ese episodio, como demostraron fehacientemente grupos civiles y de modo detallado la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) mediante un informe especial a cargo del actual presidente del organismo, Raúl Plascencia Villanueva.

Uno de las aristas más lamentables del 28 de mayo fue que ante los abusos y la represión cometidas, hubo un aplauso casi unánime de voceros de distintos sectores, pero también de los medios.

Algo semejante está ocurriendo ahora con la manifestación del pasado 1 de diciembre convocada por el movimiento #YoSoy132 y otros organismos. Ya el movimiento emitió un comunicado en el que deja en claro su deslinde con las acciones de arrojar piedras a las fachadas del PRI y de Televisa y a los policías que impidieron el paso a la marcha en la avenida Mariano Otero.

La acción de arrojar piedras se ha querido magnificar hablando de vandalismo, disturbios, turbas, cuando se trató de una manifestación política en donde la amplia mayoría no participó en dichas acciones.

Otra vez como en mayo de 2004, se alza la alarma de que vienen turbas a “destruir la ciudad”, como declaró Francisco Ramírez Acuña, o de conspiración para atacar la ciudad, como dijo ahora Marcelo Ebrard, no solo descalificando, sino discriminando a una mayoría que ejerció su derecho a manifestarse.

Y otra vez se tiene el vergonzoso papel de los medios de información comerciales que en vez de contar los hechos lo más riguroso posibles, se suman al coro de aplausos a la autoridad, coadyuvando a un clima de linchamiento no solo a quienes salieron a marchar ese día, sino alentando medidas autoritarias y represivas que ponen en riesgo las libertades políticas que al pueblo de México le ha costado mucho conquistar.

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