Geopolítica de la Iglesia católica

Foto: Reuters

Rubén Martín / El Economista, 12 febrero 2013

El sorpresivo anuncio del papa Benedicto XVI de renunciar a su cargo ha cimbrado a la Iglesia católica.

De aquí hasta que el próximo papa sea electo, probablemente la segunda quincena de marzo, tendremos abundante información sobre el proceso de elección del nuevo titular de la Santa Sede, así como de la Iglesia católica.

Pero como toda institución y creación humana, el mismo proceso de elección del Santo Padre no escapará a las tentaciones de poder debido al enorme juego de intereses que mueve y acapara El Vaticano y su titular.

Por eso me parece útil hacer una especie de geopolítica de la Iglesia católica, de los papas que han existido en dos mil años de esta institución religiosa, así como revisar quienes elegirán al sucesor de Benedicto XVI.

Una primera mirada desde la geopolítica nos dice de entrada que la Iglesia católica no tiene nada de universal: apenas uno de cada seis habitantes del planeta son católicos. Según el Anuario Pontificio de 2012, la Iglesia católica tiene 1,196 millones de fieles en todo el mundo, que representan 17.5% de la población mundial, que asciende a 7,065 millones de personas.

La presencia de católicos en los continentes es muy desigual. Si bien es una religión que nació en Medio Oriente y se institucionalizó y fortaleció en Europa, ahora la católica es una religión mayoritariamente latinoamericana, donde hay más de 800 millones de fieles, más de 60 por ciento del total. Europa le sigue con 236 millones de creyentes (17 por ciento del total). La población católica baja sensiblemente en los continentes más poblados. En África representan apenas 9.8 por ciento de la población total y 8.8 por ciento en Asia.

No obstante, que la iglesia católica europea es minoritaria (17 por ciento del total), el control de esta institución ha estado en sus manos. En dos milenios que tiene esta institución, han existido 263 papas, de los cuales apenas 51 han sido no italianos. Los obispos y cardenales italianos han llegado al trono de la Santa Sede en 212 ocasiones, más de 80 por ciento del total. De los 51 papas no italianos quince han sido franceses, cinco alemanes, nueve griegos y apenas una docena de África o Asia, en los primeros siglos de la Iglesia católica.

Los dos últimos papados han sido de no italianos: el polaco Karol Wojtila (Juan Pablo II) en 1978 y el alemán Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) en 2005.

Sin embargo, los italianos gobernaron la Santa Sede ininterrumpidamente desde 1523 hasta 1978. Y los datos indican que podrían regresar por el trono de San Pedro.

De acuerdo a las estadísticas de Santa Sede, en este momento hay 209 cardenales en total, de los cuales 118 son electores. La cifra de purpurados por continente y país refleja los hilos de poder que existen en la Iglesia católica, pues 55 por ciento del total de cardenales son europeos, cuando apenas tienen 17 por ciento de los fieles católicos. En esta geopolítica del poder católico, América Latina sale perdiendo pues con 60 por ciento de los fieles, apenas tiene 30 cardenales (14.3 por ciento del total).

La cifra más escandalosa es el poderío que siguen teniendo los cardenales italianos. Italia tiene 49 cardenales, más que América Latina y África juntas, de los cuales 28 son electores. De modo que, por sí solos, los purpurados italianos controlan una cuarta parte de los votos que elegirán al próximo papa, un pontífice de una iglesia que no es universal, sino latinoamericana por sus fieles, y europea por sus cuerpos dirigentes.

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