¿Jalisco está mejor?

Rubén Martín / El Respetable, 24 febrero 2013

“Jalisco está mejor”, rezó machaconamente la campaña publicitaria del sexto informe del Gobernador, Emilio Gon­zález Márquez; campaña con la que se despide del ejercicio del poder.

Para tratar de dar sustento a su frase propagandística, el informe final del mandatario presenta cifras positivas en los cuatro ejes en que basó su plan de gobierno: 1) empleo y crecimiento; 2) desarrollo social; 3) respeto y justicia; y 4) buen gobierno.
Como es obvio, un informe de gobierno está plagado de cifras y sentencias positivas, y metas cumplidas, producidas por una legión de burócratas.

Pero se trata de do­cumentos que la mayoría de la población nunca leerá. Por eso el mensaje de logros del gobierno que se va, se trata de meter a costa de la repetición de la propaganda en la que aparece el propio Emilio Gon­zález intentando convencer a los gobernados de que a don­de se mire, se nota la inversión en obra pública.

Este mensaje tiene como escenario el Puente Atirantado, obra que el gobernan­te saliente pretende dejar como su legado y símbolo de su go­bierno. A juzgar por su campaña publicitaria de despedida, Emilio González quiere ser recordado como gobernante que dejó un Jalisco mejor y que cumplió con la tarea.

El mismo Gobernador saliente sintetizó el mensaje como quiere ser recordado en el futuro:
 
“Jalisco está mejor, hoy Jalisco es más verde, la gente tiene más capacidad de compra; en Jalisco hay menos pobreza y marginación; hay más competitividad. Jalisco es más humano, con más educación y con más salud. Presidente Calderón, misión cumplida, en Jalisco vivimos mejor”, dijo Emilio González ante el ex mandatario federal el pasado 6 de noviembre durante la inauguración de la presa de La Yesca.

Pero antes de las razones que expuso el propio manda­tario, se me ocurren otras tan­tas imágenes que acudirán a la memoria popular al recordar a Emilio González: La primera es la mentada de madre que pro­firió a sus críticos en abril de 2008, tras las severas críticas a su intención de regalar 90 mi­llones de pesos del erario para la construcción del Santuario de los Mártires.

Emilio González será recordado como el Goberna­dor de las ocurrenciasque se vestía de Chiva para hacerla de albañil, que durmió con una familia en la colonia Ferrocarril para parecer un gobernante cercano a la gente pobre, pero cuya agenda real estaba llena de reuniones con empresarios.

Emilio González también será recordado como gober­nante que llevó cursos de Biblia a Casa Jalisco y subsidió con casi 50 millones de pesos las reparaciones de iglesias.

En la memoria colectiva, el gobernante panista también será recordado como el man­datario de los subsidios y los despilfarros. Como el gober­nante que financió novelas, torneos de golf, carreras de pilotos, conciertos masivos, que financió museos con los que se encaprichan los ricos de la ciudad y con enormes subsidios a industriales y em­presas que no necesitan esos recursos más que la gente empobrecida.

El que termina es un sexe­nio de enormes despilfarros. Entre 2007, cuando asumió el cargo, y 2012 ingresaron a las arcas de Jalisco 442 mil 157 millones de pesos (mdp).

Es, además, el sexenio que más recursos adicionales ha recibido: llegaron más de 74 mil mdp a lo presupuestado (Milenio, 22 de enero de 2013) que habrían alcanzado para construir no una sino diez nue­vas líneas de tren ligero; pero no se construyó un solo metro.

Nunca otro gobierno contó con tantos recursos. Por eso resulta inexplicable que toda­vía triplicara la deuda pública. Cuando Emilio González llegó, se debían 4 mil 099 mdp y ahora se deben 16 mil 100 mdp.

¿En qué se gastaron 442 mil 157 millones de pesos en estos seis años? Emilio Gonzá­lez presume que es el sexenio de mayor inversión en obra pública, donde se invirtieron 50 mil mdp. Pero esa cantidad representa apenas 11.3% de todo el gasto ejercido en seis años. La mayoría se destinó a gasto corriente y muchos recursos se gastaron de forma inútil, como el aumento de recursos al Congreso del Estado o el financiamiento a los partidos.

Otro ejemplo de despilfarro o mal uso de recursos públicos fue la inversión de mil millones de pesos de los ahorros de los burócratas para financiar un proyecto turístico de dudosa concreción en Chalacatepec, municipio de Tomatlán, y al que el mismo Goberna­dor bautizó como el nuevo Cancún.

El de Emilio González es un sexenio de estrecha cercanía con la clase empresarial local y nacional, y de enormes facilidades para la llegada de capital extranjero. Sin embar­go, los apapachos a los empre­sarios no se tradujeron en más empleos, salarios decentes y en mejores condiciones de vida para los trabajadores. Al contrario.

El gobierno de Emilio González fracasó en ofrecer empleos a la población. A su llegada en enero de 2007 había un 1’194,386 empleos formales; en septiembre de 2012 había 1’340,225. En el sexenio se crearon 145,839 plazas registradas ante el IMSS, poco más de 24,300 por año. Esa cifra queda muy lejos de los 54 mil o 70 mil empleos anuales que se requieren para la población en edad de trabajar. De manera que hubo un déficit de entre 166 mil y 420 mil plazas de trabajo.

Además los salarios no subieron. En 2007 el salario promedio de cotización era de 3.9 salarios mínimos y en 2012, es la misma cantidad. Sin em­bargo, los alimentos, la renta, las colegiaturas y el precio de la canasta básica sí subieron.

Y Emilio González com­partirá con Felipe Calderón el triste y abominable recuerdo de un periodo de aumento espeluznante de la cantidad y calidad de la violencia. El de Emilio González es el sexenio de los narcobloqueos, asesi­natos masivos, descabezados, colgados en puentes, narco­mensajes y violencia criminal que toca a inocentes.

El gobierno que termina será recordado también por su frialdad y distancia hacia las movilizaciones y luchas so­ciales. Ni siquiera al final de su mandato tiene la sensibilidad para atender una demanda como la que le plantean los ancianos reclamando la publicación del reglamento que les garantice una pensión de poco más de 900 pesos mensuales para subsistir.

¿Realmente Emilio Gon­zález será recordado por la población como el gobernan­te de la obra pública como pretende en su campaña publicitaria? ¿Realmente el pueblo recordará al gober­nante panista por el Puente Atirantado, por la presa El Carrizo en Tamazula de Gor­diano, los pasos a desnivel o la construcción de carreteras?

No lo creo. El sentido común siempre casi siem­pre tiene la razón, y no me refiero al sentido común del periodista que analiza datos oficiales, sino al sentido común del pueblo dotado de una inteligencia política que rara vez falla. Y esta vez no será la excepción porque el sentido común popular va por delante de la astucia del político.

 

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