El legado de Emilio

Emilio-González-M pinche papelitoRubén Martín / El Economista, 26 febrero 2013

El jueves 28 de febrero termina el sexenio del panista Emilio González Márquez; a partir del 1 de marzo asume el priísta Aristóteles Sandoval Díaz como gobernador de Jalisco.

No se trata, como se ha dicho, de un relevo de gobierno más. Con Emilio González termina un ciclo de 18 años de gobiernos panistas, se trata de un periodo de la historia contemporánea local dominada por el partido demócrata-cristiano de México, se trata de lo que muchos vendieron como la “transición democrática”, tras 66 años ininterrumpidos de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

La fecha se ha prestado para hacer un corte de caja del panismo en el poder y en particular, de Emilio González, a quien la lotería de la política lo deja como el gobernante que llevó su partido a la derrota.

El mandatario saliente ha intensificado su agenda de actividades en los dos últimos meses, todo para dejar un mensaje de despedida. El eslogan de su última campaña publicitaria repite machaconamente que “Jalisco está mejor” con el gobierno panista que termina el 28 de febrero.

En entrevista con El Informador, el propio Emilio González se defiende sus críticos y declaró que su intención fue sacudir la conciencia de los jaliscienses para emprender, como hicieron las clases gobernantes hace 50 años, grandes proyectos y mencionó la realización de los Juegos Panamericanos y la construcción del puente atirantado Matute Remus en la zona metropolitana de Guadalajara.

En otros mensajes ha dicho que el suyo es el gobierno que más ha invertido en obra pública (50 mil millones de pesos) y que el campo, la salud, la educación y el ingreso de los jaliscienses están mejor que hace seis años.

Podrá repetir que “Jalisco está mejor” un millón de veces y pagar las pautas publicitarias que quiera para tratar de convencer a los jaliscienses de este discurso, pero fracasará estrepitosamente.

Para una mayoría de los gobernados, Emilio González será recordado como el mandatario que mentó la madre a sus críticos, como el gobernante que despilfarró el dinero público en subsidios y como el gobernador que endeudó al estado para realizar los Panamericanos y otras obras estatales.

Habitualmente hay una brecha entre lo que dicen los políticos y la percepción que tienen los gobernados sobre el político en cuestión. Tengo la impresión de que esta brecha es mucho más amplia con la imagen que la población común y corriente tiene de Emilio González.

No se le recordará como un genio político, ni como buen orador, ni como quien diseñó excelentes programas sociales, ni como alguien cercano al pueblo.

No, Emilio González pasará a la historia como el gobernante de la ocurrencias: desde las clases de Biblia en la residencia oficial, el intento de subsidiar la construcción de El Santuario de los Mártires, al político que hizo chistes sobre los condones y los matrimonios del mismo sexo.

Si el propósito de Emilio González era mover las conciencias de los jaliscienses, como dice ahora que se va, fracasó estrepitosamente. Lo que movió fue el enojo de los gobernados al recibir una mentada de madre.

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