El mérito de Chávez, la división del país

imagen-muertedehugochavez-la república.perúRubén Martín / El Informador, 9 marzo 2013

La muerte de Hugo Chávez, la respuesta del pueblo venezolano y la convocatoria de jefes de Estado del mundo han causado más sorpresa de la que se esperaba.

Como todos los personajes del poder, Hugo Chávez fue un personaje multifacético; además su percepción o legado está mediado por el lugar desde donde se le interpreta y se le juzga. Con todo, ya hay algunas tendencias que se perciben a partir de su deceso.

El punto más importante es que la figura y acciones de Chávez calaron más de lo que se esperaba en el pueblo venezolano.

Si se mira en un abanico de tiempo más amplio, por ejemplo desde el Caracazo de 1989, el intento de toma del poder en 1992, la crisis de los partidos políticos tradicionales de Venezuela en la década de 1990, se puede mirar que la gestión de Chávez fue exitosa en función de la demanda popular de reorientar la política económica hacia los pobres, y terminar con un ciclo del sistema político plagado de corrupción.

Este mérito, de usar el poder y los instrumentos de los gobiernos y las políticas públicas para dar empleos, servicios básicos, casas y crear nuevas instituciones políticas para la deliberación del pueblo mediante el uso de la renta petrolera, es un legado que incluso los opositores internos más recalcitrantes le reconocen.

Para muchos otros, especialmente los militantes de las políticas neoliberales, se juzgan estas medidas como populistas o despilfarro de los recursos.

Cualquier referencia a Chávez incluye el lugar común de que era alguien que polarizaba al país, como si Barack Obama, Enrique Peña Nieto, Francois Hollande, o Mariano Rajoy no lo hicieran en sus países.

Con todo y lo polémico que suene, creo que éste es el mejor legado de Chávez: mostrar a un país dividido, porque en la realidad eso es lo que existe en cada sociedad-nacional.

La división social no surge en Venezuela por un gobierno como el de Chávez, la polarización surge porque vivimos en una sociedad capitalista que está fundada en el antagonismo social: cuando una parte pequeña de la población tiene los recursos, los medios y la legitimación para quedarse con la inmensa parte de la riqueza creada por la mayoría, surge polarización, es inevitable.

Y ese antagonismo social no es privativo de Venezuela o del chavismo.

La unidad nacional es un mito. No es cierto que los países existan en un clima de unidad nacional, ese es un discurso del poder que busca enmascarar y ocultar que se vive en un ambiente permanente de antagonismo social.

En todo caso, Chávez fue hábil para evidenciar y hacer visible una situación de división y fractura social que desde antes se vivía en Venezuela.

El problema de Chávez o del chavismo es que basó una forma de hacer una política de cambio social en el liderazgo y culto de una persona.

Ese es, a mi juicio, el límite del chavismo, porque sigue siendo cierta una vieja sentencia: la emancipación sólo es posible si los propios sujetos sojuzgados cambian sus condiciones de opresión.

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