Lecciones de la expropiación petrolera

Lázaro Cárdenas lee decreto de la expropiación petrolera, 18 marzo 1938
Lázaro Cárdenas lee decreto de la expropiación petrolera, 18 marzo 1938

Rubén Martín / El Economista, 19 marzo 2013

Dicen que él hubiera no existe, pero es fácil imaginar la dificultad que tendría el país si el 18 de marzo de 1938 el presidente Lázaro Cárdenas no hubiera tomado la arriesgada decisión de expropiar la industria petrolera mexicana.

Ahora que se discute la reforma energética y la proposición del gobierno de Enrique Peña Nieto, avalada por los partidos que firman el Pacto por México (PRI, PRD y PAN), un tema central consiste en revisar el papel crucial que Petróleos Mexicanos tiene para el sostenimiento de las finanzas públicas.

Pemex aporta poco más un tercio del gasto público de la federación para cada año; únicamente entre 2001 y 2012 pagó impuestos por 6.4 billones de pesos, cifra superior a la deuda total del gobierno mexicano que es de 5.6 billones de pesos.

Únicamente en los dos sexenios panistas (2001-2012) Petróleos Mexicanos tuvo ventas acumuladas por 10.712 billones de pesos; sin embargo su balance es deficitario debido a que paga al fisco 53.4 por ciento de sus ventas de sus ventas totales (5.7 billones de pesos). De hecho, de las diez compañías petroleras más grandes del mundo, Pemex es la que más impuestos paga al fisco.

Debido a esta sangría fiscal, ahora se plantea que Pemex no tiene los recursos suficientes para su “modernización”, y para invertir en renovar tecnología, así como para emprender las tareas de exploración que le permitan encontrar nuevos yacimientos para compensar la producción petrolera declinante.

No hay duda de que a Pemex le hacen falta recursos, pero la pregunta es si estos recursos deben llegar a través de capital privado o a través de modificar el régimen fiscal que en este momento sangra a Pemex.

El gobierno de Peña Nieto, el consenso mayoritario de los partidos, del sector empresarial nacional y sobre todo, las empresas petroleras extranjeras plantean que sea a través de capital privado.

No hay que ser ingenuo para saber las razones: la apertura de capital privado a Pemex podría dejar cuantiosas ganancias a quienes reciban las concesiones luego de las reformas legales.

El punto es que las ganancias privadas implican un capital que dejarán de entrar a las arcas nacionales, pues se irá en regalías a las empresas extranjeras y nacionales que inviertan en la industria energética nacional. Serán simple y llanamente recursos nacionales que dejarán de pertenecer al país.

Hay otra opción que el gobierno federal y el consenso partidario-empresarial no están considerando, obviamente porque afecta sus intereses.

Si se opta por cambiar el régimen fiscal de Pemex, se tendrían qué obtener recursos de otros sectores económicos, pero hay opciones. Uno de ellos es la boyante industria minera que hecho grandes negocios en el país en la última década, debido a que no pagan regalías por los recursos no renovables que explotan en el país. Es tan evidente esta omisión que hasta el ex presidente del Banco de México, Guillermo Ortiz Martínez, se pronunció en noviembre pasado por cobrar regalías a las empresas mineras.

Una de las grandes lecciones de la expropiación de 1938 es que los recursos que antes explotaban las empresas privadas extranjeras quedaron para beneficio nacional. Antes que pensar en abrir Pemex al capital privado, hace falta la visión que Cárdenas tuvo en 1938 para identificar intereses privados que explotan nuestros recursos sin pagar por ello.

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