Y la austeridad en la UdeG, ¿cuándo?

udg1Rubén Martín / El Informador, 23 marzo 2013

La Universidad de Guadalajara (UdeG) es la segunda institución de educación superior en el país, es una entidad crucial en Jalisco en materia de enseñanza y como productora del conocimiento y la cultura.

La UdeG es una institución compleja que ha atendido la demanda de educación media y superior de los jóvenes de la Zona Metropolitana de Guadalajara desde hace casi un siglo y en el resto del Estado hace dos décadas gracias a la red universitaria que ha expandido el bachillerato, las carreras universitarias y la difusión de la cultura a todas las regiones y a la mayoría de municipios.

La UdeG que mantenemos los jaliscienses (y los mexicanos) es una organización que tiene 235 mil 780 alumnos, 24 mil 335 trabajadores (15 mil 173 personal académico) y mil 598 investigadores.

Por el número de alumnos, trabajadores, tamaño de la institución y monto de recursos del pueblo que consume, puede considerarse a la UdeG como un estado dentro del propio Estado de Jalisco.

La UdeG es el tercer aparato público de la Entidad, sólo por debajo del Gobierno del Estado y de la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social, pero por encima de cualquier gobierno municipal. No hay empresa privada en Jalisco que tenga ese número de empleados e incluso los recursos que maneja superan el presupuesto anual de algunos gobiernos estatales, como el de Colima.

Para este año la UdeG manejará un presupuesto de ocho mil 900 millones de pesos; cantidad insuficiente según sus autoridades pues requeriría otros dos mil millones de pesos más “para operar con números negros”, según declaró el vicerrector Miguel Ángel Navarro el pasado 19 de marzo.

Los miles de millones de pesos destinados a la UdeG estarían más que justificados si todo se destinara a sus actividades sustantivas, pero no es así.

A la UdeG le urge una podadora en actividades superfluas, lujosas y ociosas. Ahora que ciertos gobiernos han puesto de moda ciertas medidas de austeridad, no estaría de más que la UdeG revise su gasto en el padrón de vehículos; nos encontraríamos con varias sorpresas. Por ejemplo, que algunos rectores de centro tengan auto y chofer asignado y que dicha prestación alcance a algunos directores de división. Si cada maestro llega a pie, bicicleta o auto a su clase, los rectores de centro bien pueden hacer lo mismo. Es injustificable, también que, la UdeG pague el sueldo de choferes que están al servicio de diputados locales, según refieren profesores universitarios.

Otros gastos injustificables son las costosas facturas en restaurantes que meten

funcionarios de la UdeG. No es posible que se paguen las comidas y bebidas de funcionarios universitarios con el pretexto de tener una “reunión de trabajo”. Hay oficinas de altos funcionarios de la UdeG que no le piden nada al despacho de un presidente centroamericano.

Seguramente habría más ejemplos a incluir en un necesario y urgente programa de austeridad al seno de la UdeG. El ahorro en estas actividades superfluas y lujosas debería destinarse a mejorar los salones de clase y el salario de los trabajadores que menos ganan en la institución.

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