Detroit, un pedacito del colapso capitalista

Detroit-pancarta-en-edificioRubén Martín ::: El Economista ::: 23 julio 2013

Las fotografías y los videos que se pueden encontrar por cientos de miles provocan un escalofrío: una gigantesca ciudad que un tiempo fue la capital de la industria automotriz mundial, está muriendo a pasos acelerados. Entre los videos, destaca uno con una toma desde el metro elevado de Detroit que recorre barrios enteros, antes de llegar al centro, sin toparse con ningún ser humano en sus calles. Solo edificios y casas abandonadas, calles maltrechas, servicios públicos deteriorados.

La situación de Detroit se convirtió en una de notas internacionales más relevantes cuando su alcalde Dave Bing anunció el 21 de julio que el gobierno de la ciudad se declararía en bancarrota ante la imposibilidad de pagar una deuda de 18 mil millones de dólares. Y aunque Detroit no es la única ciudad en quiebra en Estados Unidos (el alcalde Dave Bing dice quehay 100 ciudades norteamericanas en esta situación), se puede afirmar que es el caso que mejor representa la crisis mundial de la sostenibilidad de las ciudades y del futuro del capitalismo como sistema histórico-social.

Detroit llegó a tener más de dos millones de habitantes en sus casi 400 kilómetros cuadrados de extensión, pero ha perdido casi dos tercios de su población. La mayoría de sus 700 mil habitantes viven por debajo de la línea de pobreza, el desempleo oficialmente roza el 19 por ciento pero se estima que la cifra real es de 50 por ciento. Detroit tiene una de las tasas de criminalidad y analfabetismo más grandes de Estados Unidos. La historia viene de lejos. La primera oleada de migración de esta ciudad de Michigan ocurrió a fines de la década de 1960, luego de los fuertes disturbios raciales de 1967.

La que fuera conocida como Motor City es uno de los ejemplos más drásticos de la reorganización territorial, financiera, laboral y política del capitalismo en las últimas tres décadas.

En busca de mayores tasas de ganancias, las empresas automotrices fueron migrando a otros países, entre ellas México, lo que provocó el cierre de plantas automotrices con la consecuente pérdida de empleos, no solo de obreros sino también de ingenieros, directivos y de todos los oficios que concurrían en esa industria.

En esto se ha convertido la alabada globalización del capital; en un drástico proceso de reorganización territorial y social que ha tenido efectos devastadores para millones de personas en muchas regiones del planeta. Como es bien sabido, este proceso de globalización de las finanzas y de la producción mercantil flexible, fue impulsado en buena medida por las corporaciones estadounidenses. Ahora es en el seno de este país donde se están manifestando los efectos perversos de la globalización neoliberal.

Probablemente los defensores de la globalización aleguen que mientras algunas regiones pierden, otras ganan, como algunas ciudades mexicanas o regiones industriales del sur de Asia, especialmente China. Pero con la globalización es más la población que sale perdiendo. Detroit demuestra que la globalización neoliberal nos acerca más al colapso que al renacimiento del capitalismo.

 

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