La escuelita zapatista

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Rubén Martín ::: El Economista ::: 13 agosto, 2013

“¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el nuestro resurgiendo”. Con este breve comunicado, firmado por el subcomandante Marcos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) “reapareció” el 21 de diciembre del año pasado con una poderosa manifestación de 40 mil zapatistas por cinco ciudades chiapanecas.

Entrecomillo “reapareció” porque suele ocurrir que la prensa establecida y muchos opinadores identifican a los zapatistas con los textos e imágenes del subcomandante Marcos y no con la palabra de las propias comunidades. Antes de la marcha silenciosas del 21 de diciembre, las bases de apoyo, los municipios autónomos y las Juntas de Buen Gobierno zapatista habían lanzado decenas de comunicados denunciando, sobre todo, el acoso y la agresión de que son objeto. Pero dichos mensajes tuvieron poco eco en los medios de información.

Tras el breve mensaje del “estruendo de su mundo derrumbándose”, el 30 de diciembre el EZLN dio a conocer un comunicado en el que luego de cuestionar a la clase política y de emplazar a los gobiernos de los tres niveles para que cesen las agresiones y cumplan los Acuerdos de San Andrés firmados en 1996, anunciaron que a partir de entonces su palabra sería selectiva. “Pocos, muy pocos tendrán el privilegio de conocerla y aprender de ella”, dijeron entonces. Se referían en concreto a la iniciativa de la escuelita zapatista.

La escuelita zapatista es una iniciativa sui géneris en el mundo de las organizaciones de izquierda que buscan un cambio de fondo de las relaciones sociales. A contrapelo de las organizaciones clásicas que consideran que la vía armada es el camino más radical para alcanzar sus objetivos, los zapatistas ofrecen modos de hacer política sorprendentes y novedosos.

A partir del 12 y hasta el 16 de agosto 1,700 personas de México y todo el mundo fueron invitados directamente a las comunidades zapatistas para conocer y aprender del mundo zapatista. No es una escuela tradicional con maestros y alumnos metidos en un aula; la escuelita zapatista es el proceso colectivo de producir y aprender conocimiento en comunidad.

En ese proceso, los zapatistas van a compartir cómo se gobiernan, cómo resisten, cómo han creado sus propios sistemas de educación, salud y gestión de sus problemas, sin depender ni recibir nada del Estado. En suma, van a compartir cómo ejercen su autonomía, o cómo es la libertad según ellos.

Los asistentes a la escuelita zapatista van a mirar un atisbo de un mundo de nuevas relaciones sociales, van a observar comunidades que viven sin partidos, sin políticos profesionales, sin gobiernos alejados de los pueblos y una democracia directa donde todos son tomados en cuenta en las decisiones importantes. Van observar el único pedazo del territorio nacional (no tan pequeño por cierto) donde no hay la violencia atroz y desmedida que aqueja al resto de la nación.

Alejados de las vanguardias, han remarcado que no pretenden decirles a otros sujetos u organizaciones que su forma de ejercer la autonomía es una receta para aplicarse por todos en cualquier parte de México o el mundo. Lo que pretenden mostrar es algo más sencillo: “Acá, con errores y muchas dificultades, es una realidad otra forma de hacer política”. Ahora que se debate el futuro de la nación y la mayoría busca soluciones políticas en los gastados discursos y prácticas liberales, no estaría mal que miraran un poco al sur y escucharon las enseñanzas que se comparten en la escuelita zapatista.

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